Realmente no debería sorprendernos que Timex tenga la capacidad de despertar nuestra nostalgia colectiva como pocas otras marcas saben hacerlo. Han demostrado una y otra vez en sus últimos lanzamientos que poseen una comprensión innata de cómo recurrir al pasado y hacer que algo antiguo vuelva a parecer nuevo. El Q, su reloj de gran éxito de principios de este año, te hacía añorar los años 80 aunque no los hubieras vivido en primera persona. El Marlin, que en muchos sentidos volvió a situar a Timex como algo más que un simple complemento para los aficionados a los relojes contemporáneos, fue una versión extremadamente exitosa de su clásico reloj de vestir de los años 50, rebosante del estilo y el encanto de Mad Men. Y su serie de relojes que celebra el 50.º aniversario de la llegada a la Luna, lanzada a principios de este año y con un icónico beagle en la esfera, es otro ejemplo de cómo Timex aparece, casi al estilo de Forrest Gump, para hacernos recordar con cariño el pasado. Su nuevo Marlin, con ese mismo beagle, parece otra apuesta bien ejecutada que responde a nuestro continuo deseo de conectar con una época pasada.