Hicimos una excursión a Gloucester, Massachusetts, para charlar con Benjamin, el único creador de su marca homónima de artículos de cuero a medida, Benjamin Bott. Nos habló de la importancia de dar prioridad a la calidad en el antigua de la marroquinería, de cómo se mantiene fiel a sus raíces artesanales en el mundo actual de la producción en masa y de la alegría que encuentra al colaborar con los clientes para crear piezas personalizadas que puedan atesorar de generación en generación.

P: ¿Cómo anima vuestra marca a los clientes a dar rienda suelta a su creatividad y a apreciar el lado analógico de la vida?
R: Ofrecer un estilo personalizado en el que los clientes pueden elegir el tipo de piel y el hilo que prefieran, y saber que voy a confeccionar su pedido a mano, es algo que entusiasma a la gente. En lugar de que se les diga lo que quieren, se les anima a pensar en sus preferencias y a crear algo que puedan atesorar toda la vida.
P: Cuando un cliente recibe su cartera hecha a medida, ¿qué esperas que sienta? ¿Alegría, nostalgia, confianza?
R: Me encanta la idea de que mis carteras se vayan transmitiendo de generación en generación, encarnando el orgullo y la nostalgia en los colores elegidos. Cada artículo puede representar algo significativo en sus vidas. Crear regalos para los padrinos de boda resulta especialmente gratificante, porque es muy satisfactorio saber que alguien ha elegido algo hecho a mano por mí para regalárselo a sus mejores amigos, simbolizando uno de los mejores días de sus vidas.
P: ¿Cómo se consigue equilibrar la tradición con la innovación para seguir siendo relevante en el mundo actual, que cambia tan rápidamente?
R: Me encanta la idea de que el uso de las redes sociales, una tecnología del nuevo mundo, me permita dirigir un negocio basado en un oficio tradicional. Utilizar ordenadores para crear diseños y poder luego imprimir plantillas en la impresora 3D para probar las ideas antes de lanzarlas al mercado también resulta increíblemente beneficioso.

P: ¿Qué cambio crees que podrían introducir otras personas de tu sector para fomentar un enfoque más consciente de la vida y establecer vínculos más profundos con sus clientes?
R: Al ser una microempresa unipersonal, me encargo de todo: desde las ventas hasta la creación, el marketing y los envíos. Cada pequeño detalle forma parte de mi trabajo, por lo que los clientes valoran saber que todo lo que ven proviene de mí y de mi expresión creativa. Dejar que mi pasión creativa interior se refleje en todo lo que hago crea una conexión más significativa para ellos con el producto que compran. La gente no solo está comprando una cartera; está comprando algo en lo que he pensado y en cuya creación he invertido todo mi tiempo y esfuerzo. No compran mis carteras por el logotipo o el nombre que hay detrás; las compran porque saben que alguien ha dedicado su vida a crear algo que le apasiona.
P: La marroquinería es un oficio que requiere tiempo. Aunque sin duda es una labor que se hace con pasión, ¿hay alguna vez en la que te sientas tentado a «tomar atajos» o a apartarte de tu habitual enfoque pausado a la hora de fabricar tus productos?
R: Nunca me he planteado tomar atajos. Si acaso, he cogido un proceso sencillo y le he añadido más pasos para conseguir, al final, un producto mejor. Tomar atajos no es algo que me interese. Quizá ganaría más dinero haciendo las cosas de otra manera, pero me apasiona la creatividad y el proceso de fabricación de cada cartera. Poder dar un paso más para crear un producto aún mejor es lo que me motiva a trabajar cada día.
He pensado en añadir una máquina de coser a mi arsenal de herramientas para coser más rápido, pero no encaja con el estilo de las carteras que hago. Hay muchas cosas que no podría hacer con una máquina de coser, aunque fuera más rápido. Hay ciertos diseños que simplemente no funcionarían con ella, así que no he dado ese paso.
P: Mencionas que participas en cada paso del proceso de elaboración de tus productos; ¿podrías explicarnos cuáles son algunos de esos pasos?
R: Que sea verdaderamente artesanal significa usar mis manos para palpar el cuero y asegurarme de que tiene la textura adecuada para el producto que estoy creando. A partir de ahí, corto las piezas, biselo los bordes, les doy forma redondeada y los pulido a mano para conseguir un borde brillante. Utilizo herramientas manuales para perforar los agujeros de las costuras y lo coso todo a mano. Una de las cosas que más me gustan de la fabricación artesanal es que, después de haber hecho una cartera suficientes veces, se convierte en algo casi automático. Mis manos simplemente trabajan, ajustándose y percibiendo lo que ocurre sin pensar demasiado. El proceso fluye con naturalidad mientras mis manos pasan instintivamente al siguiente paso y a la siguiente herramienta.

P: Cuando entras en tu taller, ¿cómo consigues desconectar del mundo exterior y sumergirte en el proceso creativo?
R: Es muy difícil desconectar por completo del mundo exterior cuando se lleva un negocio en solitario. Tengo que estar al día con los correos electrónicos, los mensajes directos y las redes sociales para atender las consultas de ventas, así que, por desgracia, siempre tengo el móvil a mano. Sin embargo, cuando estoy trabajando, la forma en la que realmente desconecto es sumergiéndome en un audiolibro o un podcast. No suelo escuchar mucha música mientras trabajo porque me parece que el ritmo de la música puede condicionar la velocidad a la que trabajo. Con un buen audiolibro, puedo perderme durante horas, dedicándome a confeccionar unas cuantas carteras sin siquiera darme cuenta.
P: ¿Podrías contarnos qué retos u obstáculos has tenido que afrontar a la hora de preservar un oficio tradicional en un mercado en rápida evolución, y cómo los has superado?
R: Supongo que el mayor reto sería superar el miedo a no poder producir con la suficiente rapidez e intentar aceptar que me basta con hacer unas pocas carteras al día, en lugar de aspirar a la producción en masa. Podría hacer más carteras en un día, pero para ello tendría que saltarme algunos pasos. Tendría que acelerar el proceso, y yo disfruto con el proceso de creación. No quiero que deje de ser un placer por sentirme abrumado y con exceso de trabajo, así que me he marcado unos límites. Me ha llevado un par de años aceptar que el plazo de entrega sea de un par de meses. Afortunadamente, mis clientes entienden que se trata de un negocio unipersonal y les parece bien saber que cada pieza se fabricará con esmero y atención. Cuando la fabrique, le dedicaré toda mi atención, y valoro mucho el dinero que gastan porque sé lo duro que han trabajado para ganárselo. Me siento en la obligación de poner todo mi corazón, mi alma y mi atención en cada cartera que hago, y por eso la lista de espera es tan larga.
